martes, 23 de junio de 2015

TORRALBA


Los datos más antiguos que tenemos datan del tiempo de los romanos, quedando ruinas de la vía secundaria que unía Cartago Nova con Complutum. De la Edad Antigua datan los restos de una villa de recreo, además de la mina de yeso de donde se extraía lapis specularis o espejuelo, un yeso cristalizado muy apreciado por los romanos y utilizado a modo de cristal en las ventanas y decoración de paredes y suelos. De esta mina se conserva una entrada en el paraje de "La Dehesa".
Las tierras de Torralba debieron ser conquistadas bastante antes que la propia ciudad de Cuenca, que lo fue en 1177. Esto hace pensar que, en su origen, debió depender en cierta medida de la Orden de Santiago, o del Concejo de Guadalajara y muy probablemente sus gentes acompañaron a Alfonso VIII de Castilla en la toma de la capital.
Por cédula de 29 de junio de 1311, el rey Fernando IV de León y Castilla, ordenó que Torralba se sometiese al concejo de Cuenca. Dentro del Común de Villa y Tierra de esta ciudad castellana, Torralba fue designada como cabeza de un sexmo relativamente extenso, que incluía las tierras de Albalate de las Nogueras, Arrancacepas, Bólliga, Castillo-Albaráñez, Fuentesbuenas,  Olmedilla, Villaconejos de Trabaque, Villar de Domingo García y Villarejo del Espartal. Sin embargo, pese a permanecer como cabeza de sexmo, el Concejo de Torralba pasó muy pronto a ser tierra de señorío: en un privilegio, confirmado por Enrique II de Castilla el 15 de abril de 1370, se concede a Don Alvar García de Albornoz, hermano del cardenal Gil de Albornoz, las villas de Torralba y Tragacete con sus castillos, términos y vasallos. Y pese a ser villa de señorío y pagar su martiniega, Torralba ostenta todavía hoy un bello ejemplar de olmo castellano, con un alcorque en forma de escaño, y bajo cuyas ramas se impartía la Justicia hasta la caída del Antiguo Régimen. Algo alejado del casco se encuentra el cerro de La Horca, donde precisamente se emplazaba este instrumento para la ejecución de la pena máxima. Posteriormente, la historia de Torralba está ligada a la de sus señores, dueños de un castillo del que hoy sólo quedan unas ruinas. Para dar testimonio del relativamente apacible siglo XVIII español, en 1768 se publicó en Madrid la obra "Población General de España, sus Reinos y Provincias, Ciudades, Villas y Pueblos, Islas Adjacentes y Presidios de África", escrita por Juan Antonio de Estrada. Allí se dice que a cinco leguas de la ciudad de Cuenca está la villa de Torralba, lo mismo que Torre-blanca, situada en una cuesta con muros y fuerte castillo: coge razonablemente pan, vino, aceite y mucha miel. Es la mejor de tierra de Cuenca, y produce azafrán, frutas y hortalizas, tiene 400 vecinos en una Parroquia, y dos Ermitas.
Don Sebastián de Miñano dedica al Rey Fernando VII en 1828 un "Diccionario Geográfico Estadístico de España y Portugal", de cuyo texto se deduce que el castillo de Torralba debió arruinarse durante la invasión francesa y, en efecto, el "Panteón de los Mártires Españoles, sacrificados por la libertad e independencia", escrito por Luis de Cucalón y Escolano en 1849, refleja que en otoño de 1808 el entonces Mariscal Lacy persiguió a los franceses por tierras de Torija, Budia y Torralba, hasta Cuenca.
Durante las guerras carlistas, las comarcas alcarreñas permanecieron leales a Don Carlos V, y Torralba no debió ser una excepción. Por sus tierras pasó el general liberal Espartero hacia Valencia, para intentar dar caza a las tropas del Rey.
Podemos visitar:
Ruinas del Castillo o "Torre Alba".- Da su nombre a la población. El cerro donde éste se asienta está horadado por más de 200 cuevas-bodega, tan típicas en toda la comarca. Parte de las mismas forman un sistema que debió funcionar como antiguo aljibe del castillo. Enclavadas en el entorno del cerro del castillo árabe, las cuevas son la seña de identidad de Torralba. Aunque hay cerca de 200, sólo se pueden visitar 15, que son tan antiguas como la historia del pueblo. 
 
Ermita de Nuestra Señora de las Nieves.- Es una iglesia de los siglos XV-XVI, de planta y sección basilical, de tres naves, con ábside y capillas cubiertas por bóvedas de arista, la mayor de las cuales contiene frescos de inspiración popular. Las naves se cubren con estructura de madera vista, sobre pilares octogonales en piedra; los cabezales de los mismos y las mensulillas están labrados, así como el artesonado de las esquinas que rematan la nave central en su encuentro con el cabecero. En los pies, coro, con barandilla y canecillos también tallados. Hay rejería de madera de bolillos policromada separando la capilla mayor y las laterales del resto. También se conserva el solado primitivo, así como la tumba de un caballero de Santiago. Exteriormente, conserva las portadas lateral y frontal, de estilo gótico tardío, enmarcadas por alfiz y cubiertas, ambas con porche sobre columnas de piedra de orden clásico y escudo episcopal del Obispo Albornoz y Carrillo. Cubierta a dos aguas, se remata frontalmente, a los pies, por espadaña de dos ojos. Conserva un importante contenido mueble: retablo mayor barroco, abundante imaginería, una pila bautismal. La tradición dice que el cardenal conquense Gil de Albornoz envió desde Roma tres imágenes de la Virgen María, de las que una se conserva en esta ermita, otra en Almodóvar del Pinar y otra en Villanueva de la Jara.
 
 
Iglesia Parroquial de Santo Domingo de Silos.- En su origen era un monumental edificio del románico tardío, muy semejante a la Iglesia de Belinchón, así como a otros templos del Priorato de Uclés (lo que hace pensar en una temprana fundación de la Villa por la Orden de Santiago) y que fue inexplicablemente derribado en 1959. Por parte de varios particulares e instituciones se ha propuesto la reconstrucción de la misma. En su interior se halla un notable retablo barroco y el famoso Mausoleo del Oidor, tumba de Don Luis de Salcedo, uno de los tres únicos ejemplares de su clase en España. Se incluyen restos muebles de las capillas que contuvo, como la que, en memoria de la Conversión de San Pablo, fundara el Obispo Solórzano, y que debió servirle de enterramiento. 
 
 
 
 
 
 
Dentro del casco vemos ejemplos típicos de la arquitectura popular de la comarca y, en prueba de la antigua importancia de la villa, varias casas lucen blasones en sus fachadas que nos remiten a los linajes inmemoriales de la nobleza alcarreña.
A las afueras de la población queda la ya mencionada entrada de las Minas romanas de espejuelo y la Fuente de Santa Quintería, que sirvió para el abastecimiento diario de agua hasta bien entrado el siglo XX.
Debido a las actuaciones llevadas a cabo por la Diputación Provincia la mina de lapis specularis, Elpozolacueva, hoy se puede entrar a visitarla.

Cuevas de Toralba
 
 
 
 
 La olma del consejo
 
 

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